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¿A qué vine a esta Tierra?

SINTÉTICO ABORDAJE A TEMAS FUNDAMENTALES DE LA FILOSOFÍA PYTHAGORICA

La respuesta a esta pregunta se vincula con varios temas fundamentales que trataremos de entrelazar con la simpleza que caracteriza a lo Pythagorico. Al decir de Pythagoras, para entender “quiénes somos” y “a qué vinimos”, resulta básico cambiar el enfoque cultural reinante.

… No somos un cuerpo físico con personalidad, que además tiene un Alma. Somos un Alma y una Mente Inmortal revestida de un traje transitorio y perecedero que es el cuerpo físico con su personalidad, éste tiene los elementos necesarios para experimentar en este hermoso Planeta.

…. Reflexionemos si lo siguiente nos parece cierto:

++ Si somos un Alma y una Mente Inmortal, que están revestidos de un cuerpo físico y psiquis…si la mayor parte del día estamos viviendo sólo con los cinco sentidos encendidos en plenitud, poniendo en ellos toda nuestra energía, generando solamente ondas cerebrales Beta, ¿podemos decir que estamos “vivos” y “despiertos”?… No estamos “despiertos” en el día que así la pasamos, cuando el cerebro está trabajando con sus ondas Beta, pues los cinco sentidos están encendidos en plenitud, y sólo tenemos despierto al cerebro….

++ Cuando de noche, nos relajamos y nuestro cerebro logra trabajar con frecuencias de ondas más tranquilas y profundas (las alfa, delta, y theta), ¿estamos realmente “dormidos”, o es ciertamente al revés, y en ese estado nos pueden llegar mensajes importantísimos del mundo del Alma, que nos tenemos que entrenar para saber descifrar?…

Como en esencia somos un Alma y una Mente en evolución (Cuerpo Espiritual perenne e imperecedero), estamos “despiertos”, cuando este cuerpo está despierto.

O sea que, cuando el cerebro aletarga su actividad, el Cuerpo Espiritual puede encenderse a pleno (la Meditación), o incluso puede desprenderse (en el sueño), y allí concientiza su Camino.

Pues, el Cuerpo Espiritual es LUZ y sabe el futuro que vino a transitar, el cerebro en cambio sólo como un antiguo rollo cinematográfico, o como lo que brinda la alta fidelidad de los registros de la era digital, sólo proporcionan imágenes y sonidos del pasado con sus múltiples conexiones, es entonces como un aparato que tiene que estar al servicio de quien lo direccione.

Entonces, cuando el cerebro está “bien despierto en sus cinco sentidos” sin la Guía del Alma, actúan como cinco caballos desbocados que llevan el carruaje del cuerpo físico hacia cualquier lado, sin obedecer a las riendas del jinete del carruaje, que es el Cuerpo Espiritual.

Ello ocurre cuando el ser humano entonces, sólo pone su atención y su conciencia en cerebro y sus ideas y las emociones que éstas le despiertan, reaccionando permanentemente a los estímulos del afuera. Así, el ser humano se sume en el caos y en la confusión, pues el pasado no le sirve para resolver cosas inéditas, ni le sirve para direccionar su futuro.

Si es que estamos de acuerdo con las reflexiones anteriores, deducimos que, si nos situamos en lo que es eterno e imperecedero, en verdad nos situamos, y desde allí podremos dirigir a lo inconstante, mortal y perecedero. Pero, si estamos situados en este último cuerpo, que lo único que tiene de constante es su inconstancia, no podremos dirigir nuestras vidas.

….. Una vez “situados” …en “EL SITIO”, en “LA ZONA”, estaremos en condiciones de entender lo que vinimos a trabajar en esta vida, que es lograr el mayor desarrollo de las virtudes que nuestras Almas tienen menos ejercitadas, en comparación con otras que las tienen largamente desarrolladas.

Lo que para el Alma es poco, para nuestro cerebro es una verdadera catarata, pues nace genéticamente con la falta de habilidad para lo que viene a desarrollar. O sea, si el Alma quiere desarrollar más la virtud de la “sensibilidad para captar a los demás”, nace con un cerebro que no sabe escuchar ni sentir al otro. 

Con sólo pedir esa Virtud, la propia Alma derramaría su “catarata” sobre nuestro cerebro; nos basta invocarla Es decir que nuestro cerebro encarna para hacer lo Bueno que aún no sabe hacer. 

Lo que para el Mundo Espiritual son carencias, y carencias sólo comparadas con el resto de virtudes de la misma Alma, para el mundo material son defectos, a veces llamados “pecados”, y muchas veces le vemos características hasta horrorosas.

Esta última visión resulta nociva, porque es la que nos impulsa a ocultar y disfrazar nuestros sectores oscuros, para no mostrarlos y ni siquiera verlos ante nosotros mismos. Y, nadie puede corregir lo que no conoce, y nadie puede transformar lo que no conoce ni ama.

 La mirada del Alma en cambio sobre nuestros defectos, es una observación con la naturalidad de “características”, tal como se observa a la naturaleza. Al describir a un tigre, a un halcón o a un toro, jamás se nos ocurre escandalizarnos por sus particularidades agresivas, por ejemplo, en contraposición a las tiernas de un gato, un canario o un perro.

Al describir a un eucalipto, un ombú o un sauce, no los describimos en contraposición a un manzano, un naranjo o un olivo, diciendo que los primeros no sirven porque no saben dar frutos. Encontramos tanto en animales como en árboles sus bondades, y les llamamos características, y si describimos sus supuestas carencias, las designamos también como características.

Si pudiésemos darnos cuenta que los seres humanos tenemos también “características”, les quitaríamos la emoción cada vez que con estas “características” que les son inherentes, nos dañan. Si pudiésemos darnos cuenta que algunas de estas “características” revelan solamente carencias de Bien que todavía no aprendieron a hacer -igual que nos ocurre a nosotros con las nuestras-, y que forman parte de su naturaleza -hasta que el ser humano se vea a sí mismo y quiera cambiar-.

Si así contemplásemos a los seres humanos, no perderíamos 20, 40 o más años de la vida intentando cambiar al otro. Actitud que resulta en todo similar a pedirle a nuestro caballo que, dado que lo amamos y cuidamos tanto y estamos necesitados de leche, nos dé leche como si fuese una vaca.

Nadie vino a la Tierra a cambiar a otro, por eso dice Pythagoras: “cuando el ser positivo se deje de jugar al salvador de todos, creyéndose Bueno, y que vino a enseñar a los demás a serlo, recién va a encontrar quién es y a qué vino a esta Tierra”.

Pues, enfocará su Conciencia hacia sí mismo, la autoconciencia. Entonces, cada suceso negativo y problemático le servirá para observar “qué sector oscuro del psiquismo le arranca; si el miedo, el dolor o tristeza, la ira, la rebeldía, las ganas de huir, etc.”, o lo que es lo mismo, “por Ley de magnetismo, ¿con qué defecto propio se atrajo al ajeno?” …

Por fin entonces, se reconocerá en sus vacíos de virtud, en sus sombras, en sus sectores oscuros. Cuando pueda hacerlo con Alegría, le aparecerá claro en su conciencia a qué vino a la Tierra, que es a transformar esos sectores oscuros y convertirlos en la Virtud opuesta. Igual que el Alquimista toma el Mercurio (sustancia venenosa), y recién luego de encontrarle sus características positivas y no antes de ello, empieza su férreo trabajo con esta materia alquímica, hasta llegar a convertirla en oro…

  María Amelia Ruiz

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